Trastornos psicoticos

¿Qué son los trastornos psicóticos?

Los trastornos psicóticos (o experiencias psicóticas) se clasifican dentro de la categoría de trastornos mentales graves debido a que la sintomatología que los caracteriza supone una ruptura del contacto con la realidad.

La esquizofrenia (del griego “schizein”: escisión y “phren”: razón/mente), de la que hablaremos en este post, es uno de los trastornos psicóticos más conocidos y que hace referencia al efecto ya mencionado de ruptura con la realidad.
Para realizar un diagnóstico de esquizofrenia es necesario tener en cuenta la presencia de síntomas positivos y negativos (dos o más de los que mencionamos durante un periodo de un mes o menos, si se trata con éxito).

Cuando hablamos de síntomas positivos o negativos, no nos referimos a que sean mejores o peores para el paciente, sino que el término positivo se refiere a fenómenos intrusivos como ideas delirantes, alucinaciones, aparición de lenguaje desorganizado y comportamiento catatónico o gravemente desorganizado; y el término negativo se refiere a aspectos inhibitorios de la conducta, como aplanamiento afectivo, alogia (disminución del flujo y espontaneidad del habla) o abulia (falta de voluntad o energía para iniciar una actividad).

Encontramos experiencias psicóticas con orígenes muy diferentes. Algunos pacientes pueden tener una predisposición genética para la aparición de este tipo de trastornos, que se ve desencadenada en la mayoría de casos por factores ambientales.
También encontramos experiencias psicóticas en lo que conocemos como patología dual, es decir, este tipo de trastornos aparece siendo la causa principal un abuso prolongado de sustancias tóxicas (drogas, alcohol, pastillas, etc.), que se convierten en desencadenante del trastorno.

Por otro lado, las experiencias psicóticas pueden aparecer ligadas a otros trastornos emocionales, como puede ocurrir en casos de depresión mayor, ansiedad generalizada o trastornos de personalidad.

¿Cómo se trata la esquizofrenia?

La esquizofrenia es un trastorno mental crónico, ya que no se ha encontrado hasta la fecha ningún tratamiento que revierta de forma definitiva sus síntomas. No obstante, existe tratamiento para la esquizofrenia, combinando medicación y terapia.

Resulta fundamental la detección temprana de la esquizofrenia, ya que poner en tratamiento lo antes posible a la persona, garantiza una mejor recuperación de su funcionalidad y adaptación al entorno. Si no se trata a tiempo, las condiciones de la persona pueden empeorar, así como las posibilidades de recuperar su funcionalidad global.

El tratamiento farmacológico de la esquizofrenia (antipsicóticos, esencialmente) es imprescindible para aliviar la sintomatología del trastorno. El tratamiento solo puede funcionar si se encuentra la dosis adecuada para cada paciente y, por otro lado, si el paciente sigue las pautas como se indican.

Tratamiento de la esquizofrenia.

Un abandono de la medicación puede implicar una recaída y un peor pronóstico en cuanto a la recuperación.

Asimismo, la terapia psicológica es esencial para acompañar a la persona y tratar de ayudarla a asimilar las implicaciones del trastorno y de la medicación, con las dificultades que surgen durante el proceso.

Para estos pacientes, las relaciones sociales y laborales son complicadas, ya que a menudo se sienten amenazados por su entorno y esto les lleva a actuar de forma imprevisible, adoptando conductas de riesgo para ellos y los que les rodean.
La ruptura con la realidad (como la vive el resto), supone un aislamiento total para la persona con esquizofrenia. No solamente sufren por sus propias experiencias, sino que además viven con angustia la brecha que se produce entre “los dos mundos”.

Cuál es nuestro objetivo como psicólogos?

Nuestro objetivo como psicólogos en valencia es ser un apoyo para el sufrimiento de estos pacientes y una ayuda para que puedan encontrar la forma de adaptarse a su entorno de manera que se sientan cómodos y aceptados. Trabajamos para lograr que se produzca un acercamiento entre las dos realidades y, sobre todo, por proporcionar un entorno en que la persona se sienta segura y aceptada, promoviendo así la autoaceptación y el cambio.