terapia familiar en valencia

La familia es el primer y principal núcleo de protección, seguridad y socialización que nos encontramos al inicio de nuestra vida. Gracias a nuestra familia, nuestras necesidades básicas (como vimos anteriormente en la pirámide de Maslow) quedan cubiertas y, debido al cuidado que se nos otorga, podemos empezar nuestro desarrollo de forma óptima a nivel tanto físico como emocional.

La forma en que comprendemos el mundo, en que adquirimos nuestros primeros aprendizajes socioculturales, en que manifestamos las primeras palabras, andamos nuestros primeros pasos, asociamos nuestros actos con recompensas, etc., se debe en gran parte a la influencia de nuestra familia.

Las características y patrones de nuestra familia dejan ineludiblemente una huella en nuestra personalidad. Con el paso del tiempo, nuestras propias opiniones y decisiones tendrán que atravesar (¡e incluso romper!) el filtro de las enseñanzas familiares hasta llegar a la diferenciación de nuestra propia identidad.

¿Qué tipos de familia encontramos?

Habitualmente, aunque no siempre, encontramos que las familias se componen de dos tipos de vínculos que podemos señalar de forma más destacable: los vínculos de afinidad y los vínculos de consanguinidad.

Los vínculos de afinidad, por un lado, tienen que ver con la alianza que se produce entre dos personas que se aman, buscan comprenderse y compartir experiencias juntos y, además, tienen un proyecto para avanzar en la misma dirección. Hablaríamos de relaciones románticas que pueden o no terminar en matrimonio u otras formas de conyugalidad.

Por otro lado, encontramos los vínculos de consanguinidad, que tienen que ver con la unión que existe entre miembros de una misma familia por motivo de haber sido engendrados por el/la mismo/a progenitor o por ambos. En este grupo podemos localizar los vínculos fraternales entre hermanos (o medio hermanos).

Hasta hace relativamente pocas décadas, el tipo de familia que se observaba con mayor frecuencia era la familia nuclear, compuesta por los dos progenitores y sus hijos.

Sin embargo, en las últimas décadas han aparecido otras modalidades de núcleos familiares que resultan tan importantes y válidas como la familia nuclear.

Por ejemplo, la familia monoparental en la que sólo contamos con la presencia de uno de los dos progenitores por la razón que sea (defunción o ausencia del otro, persona soltera que adopta o tiene un hijo por inseminación/fecundación in vitro, etc.)

Otra posibilidad es la familia homoparental, en la que los progenitores son personas del mismo sexo. Este formato de familia empieza a ser más frecuente debido a que las leyes sobre el matrimonio y la paternidad homosexual se han flexibilizado bastante en las sociedades occidentales, por lo que muchas personas del mismo sexo que desean formar una familia ya no encuentran impedimentos para poder hacerlo.

También cada vez más común, tenemos la familia de padres separados. En estos casos, una familia nuclear experimenta la separación de los progenitores que, aunque ya no comparten el sentimiento romántico ni desean vivir juntos, sí deben cumplir con su obligación parental para con sus hijos.

Y ¿qué ocurre cuando dos familias “confluyen” en una nueva?

Esta pregunta nos lleva al último tipo de familia y a la razón por la que escribimos esta publicación.

La familia ensamblada o mixta está compuesta por dos personas que se unen de alguna forma (como decíamos al inicio, puede ser simplemente en una relación romántica sin necesidad de ser un matrimonio) y los hijos que uno o ambos tienen fruto de una relación anterior.

Este tipo de familia, en la actualidad muy común, supone un gran proceso de adaptación para todos los integrantes de este nuevo núcleo.

Por un lado, los hijos de cada progenitor deben aceptar que su padre/madre ha iniciado una nueva vida con otra persona y que, por esa razón, la unión familiar experimentada hasta ese momento ya no existe.

En esta línea, es probable que al principio aparezcan sentimientos de enfado y rechazo hacia la nueva pareja de su progenitor, a la que de alguna forma se “achaca” la responsabilidad de la ruptura de su familia original.terapia de familia en valencia

Del mismo modo, comenzar una “convivencia” con el/los hijo/s de la nueva pareja del progenitor (si los hubiese) puede ser un proceso muy complicado debido a que no existe un sentimiento inicial de fraternidad hacia la otra persona y, además, en función de la edad de los hijos es probable que nos encontremos con un sentimiento bidireccional de rechazo, debido a que ambas partes focalizan el “desastre” de la nueva situación en todo lo que tiene que ver con la nueva pareja del progenitor.

No menos sencillo, como se puede esperar, es el proceso de adaptación del progenitor al/los hijo/s de la nueva pareja.

Una de las preguntas más frecuentes que nos encontramos en terapia familiar y de pareja se relaciona con los roles de cada uno y con no tener del todo claro cuál es el papel que se ocupa en relación con los hijos de la pareja.

Es frecuente que nos encontremos con malas relaciones entre progenitores e hijos de la nueva pareja, problemas de autoridad, dificultades para generar un vínculo, desconfianza, culpabilización, etc.

Y, por este motivo, dado que los progenitores tienen como prioridad a sus hijos, muchas “nuevas” relaciones pueden llegar a fracasar, aun cuando los miembros de la pareja funcionan adecuadamente en todos los niveles del sentimiento de amor (representado por la tríada de Sternberg, que también vimos anteriormente).

¿Cómo abordamos estos casos con familias?

Como psicólogos en Valencia, cuando nos encontramos con este tipo de dificultades en la formación de un nuevo núcleo familiar, lo ideal es poder trabajar con todos los miembros de la “nueva” familia para poder otorgar su espacio a cada uno y para que todos puedan expresarse libremente sin sentirse juzgados ni reprochados. En muchas ocasiones resulta muy útil el trabajo a domicilio, ya que nos permite interactuar con la familia al completo de forma más natural.

En primer lugar, el trabajo con el/los hijo/s es un paso crucial para el avance del proceso familiar. Es importante que sienta/n que puede/n expresar el dolor que les produce la separación de sus padres y que este sentimiento sea acogido y aceptado.

Debemos poder hacer ver al niño/adolescente que lo que siente es lógico, válido y normal y que, evidentemente, adaptarse a esta nueva situación no tiene por qué ser algo sencillo para él/ella.

De igual modo, nuestra función como psicólogos en Valencia es poder clarificar con el niño/adolescente qué espera de la nueva familia, qué necesita tanto del progenitor como de su pareja en relación con él/ella y qué está dispuesto/a a hacer para dar un paso adelante en la relación familiar.

Es importante que se entienda que la nueva pareja no constituye una suplantación de la figura de su padre/madre, sino que es una nueva persona de apoyo con la que puede contar y que estará dispuesta a serle de ayuda cuando pueda necesitarla.

Por otro lado, con las parejas es fundamental trabajar el tema de la autoridad con el/los hijo/s del otro.

Debido al rechazo inicial que nos podemos encontrar, es esencial que el niño/adolescente reconozca a la pareja del progenitor como una figura de autoridad no impositiva. Es decir, sobre todo al principio la pareja no da órdenes de forma autoritaria, sino que se muestra como una alianza del progenitor en tanto que respeta y acepta las decisiones que éste toma con respecto a su/s hijo/s.

Asimismo, debemos trabajar un acercamiento progresivo y bidireccional de parejas a hijo/s de la otra pareja en el que tengamos en cuenta las necesidades de cada uno, así como determinados factores emocionales que pueden estar mediando y que son potentes mensajes de lo que se está buscando o esperando del otro.

Este acercamiento debe ser cuidadoso y no forzado, ya que la formación de un nuevo núcleo familiar implica un gran esfuerzo psicoemocional y cada pequeño paso que damos es un gran avance en la construcción de un entorno familiar saludable y adecuado.

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