Un hombre triste que sufre un duelo patológico.

La muerte es un fenómeno natural que cierra el ciclo de la vida, una fase que concluye un recorrido de experiencias y aprendizajes adquiridos llegados a su fin. No obstante, aunque sepamos que la muerte ocurre paralelamente a la vida, constituye a su vez un duro y difícil proceso para aquellos que pierden a alguien que les es querido y a veces necesitamos ayuda de un psicólogo en Valencia para superar lo que se conoce como duelo patológico.

Así pues, nos referimos al duelo cuando hablamos de un proceso de adaptación física, cognitiva y emocional que se produce tras la pérdida de un ser querido (aunque también podemos hablar de duelo tras la ruptura de una relación sentimental, un distanciamiento con una amistad o con la pérdida de un puesto de trabajo, por ejemplo).

Este proceso está compuesto por reacciones emocionales y conductuales que están relacionadas con el sufrimiento que emerge de la ruptura inevitable de un vínculo afectivo por razón de la muerte, y que son necesarias para poder enfrentar este periodo de dolor, cuya intensidad variará en función del tipo de vínculo que hubiera establecido con la persona fallecida.

Si crees que puedes estar sufriendo un duelo patológico no dudes en contactar con nuestro equipo de psicólogos en Valencia.

Así pues, la persona que atraviesa un duelo puede experimentar toda una serie de síntomas físicos (cansancio, dolor en diferentes partes del cuerpo, mareos o vértigos, etc.) y psicológicos (estrés, estado de ánimo ansioso y/o depresivo, cambios bruscos de humor, desmotivación, etc.) que permiten trabajar la elaboración de la pérdida.

De hecho, pese a la dificultad inicial inherente al propio proceso de la pérdida, es importante que la persona pueda manifestar libremente todo el repertorio sintomatológico que le sea necesario, pues permitirse ese espacio para el dolor facilitará el trabajo con la pérdida y mejorará el pronóstico de recuperación tras el duelo.

En relación con este pronóstico, la doctora Elisabeth Kübler-Ross, una psiquiatra experta en cuidados paliativos, describió las cinco fases del duelo que había observado en sus numerosos pacientes. Aunque no siempre ocurren todas, ni en el mismo orden, la que presentamos es la secuencia más común:

El proceso normal de duelo patológico.

La primera fase que se atraviesa es la negación, en la que, como su nombre indica, negamos que la persona fallecida se haya ido.

La segunda fase es la de enfado o ira, en la que el estado de ánimo pasa del “shock” inicial a la rabia por la inminente e inevitable pérdida.

Después, entramos en la fase de negociación, en la que tratamos de buscar una solución a la pérdida, a sabiendas de que tal solución no puede encontrarse.

Esta tercera fase desemboca en la cuarta, la de dolor emocional, en la que se comienza a experimentar la tristeza en relación con el fallecimiento de la persona querida y pueden aparecer los ya mencionados episodios ansiosos y/o depresivos necesarios para poder avanzar en el duelo.

Por último, llegamos a la fase de aceptación, en la que empezamos a asumir la inminencia de la pérdida y aceptamos que la persona fallecida deja de formar parte de nuestra vida cotidiana y que, por tanto, debemos adaptarnos a la presencia de la ausencia.

De este modo, la elaboración del duelo es el proceso que encontramos desde que sufrimos la pérdida de la persona querida hasta que la superamos, a veces necesitando la ayuda de un psicólogo en Valencia.

¿Cuándo debo contactar con un equipo de psicólogos en Valencia?

Múltiples factores influyen en cómo elaboramos el duelo, como el tipo de apego establecido con la persona fallecida, el grado de vinculación afectiva, el tipo de fallecimiento, la duración de la enfermedad mortal (en caso de existir), el grado de implicación en el cuidado al final de la vida, etc., además del factor social que está presente en cualquier cultura y que, en el caso de la occidental, va relacionada con una manifestación formal y pública sobre el dolor (duelo) por la pérdida que conocemos como luto.

El proceso del duelo se resuelve en un periodo de entre 6 meses y un año aproximadamente, recomendándose contactar con un psicólogo para depresión en Valencia pasado este periodo, si no ha conseguido superarlo de forma natural.

Así pues, en un duelo que podamos calificar como “normal”, a partir de la aceptación del fallecimiento de la persona amada, podemos permitirnos experimentar la realidad de la defunción y las emociones que se derivan de la pérdida y, progresivamente, adaptarnos al hecho de que la persona que ha muerto ya no está y redirigir nuestra energía hacia nuevos proyectos, recordando la ausencia en su faceta más positiva.

¿Cómo podemos saber que un duelo “normal” se ha convertido en un duelo patológico?

El duelo anormal o patológico consiste en una intensificación de las emociones derivadas del proceso de la pérdida que llevan a que la persona pueda verse desbordada por la situación y difícilmente pueda llegar a asimilar la muerte del ser querido.

Existen diferentes tipos de duelo patológico: el duelo crónico (cuya duración es excesiva y no consigue resolverse), el duelo inhibido (que implica un retraimiento emocional en el momento en que se produce la pérdida, pero que puede devenir en una reacción emocional exacerbada si se produce un segundo impacto emocional en la persona, imposible de digerir en ese momento), el duelo reprimido (la persona no se permite experimentar el dolor de la pérdida, pero este dolor se “filtra” a través de trastornos psicosomáticos, conductas desadaptativas o sintomatología depresiva), o el duelo exagerado (una intensificación del duelo normal que vuelve incapacitante el estado de la persona y puede desembocar en trastornos psicológicos severos como ansiedad o depresión).

¿Qué factores pueden haber influido en el paso de un duelo normal a un duelo patológico?

Con frecuencia encontramos que las personas que desarrollan un duelo patológico, a menudo no pueden asimilar la pérdida de la persona fallecida por el tipo de vínculo establecido con él o ella. En casos en los que existe una cierta dependencia emocional entre dos personas, la pérdida de una de ellas supone para la otra un dolor extremadamente difícil de soportar y de superar.

También encontramos que las personas con mayor vulnerabilidad emocional, propensión a estados anímicos ansiosos o depresivos, baja tolerancia para soportar el dolor emocional, pensamientos más negativos con respecto a sí mismas y/o los demás y su entorno, baja autoestima, etc., tienen un pronóstico más difícil que las personas con mayor resiliencia, perspectivas más optimistas sobre sí o los demás, mayor tolerancia al sufrimiento, y más alta autoestima.

En el primer caso, los recursos propios para hacer frente a la situación se perciben como más limitados que en el segundo.

Psicólogos en Valencia. Duelo patológico. Una mujer triste.

Asimismo, es fácil encontrar personas cuyo duelo evoluciona en dirección patológica porque la familia demanda de ellos una fortaleza inicial que les impide conectar con sus propias emociones en el momento en que las están sintiendo, y esto lleva a una represión emocional que posteriormente, se convierte en un obstáculo en la resolución del duelo.

Y, no solamente a título individual, sino que también influyen factores sociales como el apoyo durante el proceso del duelo (cuanto mayor, mejor es el pronóstico de recuperación) y, sobre todo, la posibilidad de expresar emocionalmente el dolor relativo a la pérdida.

Si la persona que vive el duelo no tiene un espacio para poder expresar su sufrimiento por la pérdida, las posibilidades de que la evolución del duelo pase de “normal” a “patológico”, aumentan.

En ocasiones, el duelo patológico también aparece cuando la muerte del ser querido no ha podido ser prevista o cuando encontramos que la persona ya ha pasado por experiencias de duelos difíciles anteriormente.

¿Cómo identificamos el duelo patológico?

Algunos de los síntomas más comunes de una persona que experimenta un duelo patológico son, por ejemplo, el dolor que experimenta el paciente cuando habla de la persona fallecida, ya que no le es posible hablar de él o ella sin experimentar un intenso dolor.

A menudo, el paciente muestra la necesidad de imitar conductas o pensamientos de la persona fallecida, como una manera de compensar la ausencia.

En esta línea, es frecuente que la persona desarrolle sintomatología fisiológica o psicológica del mismo tipo que la experimentada por la persona fallecida antes de su muerte.

Sin embargo, para el entorno de la persona que vive el duelo, un aspecto muy destacable tiene que ver con que la persona no se permite tocar objetos que pertenecían al familiar fallecido, cambiarlos de sitio e, incluso, en muchas ocasiones ni siquiera son capaces de entrar en la habitación que solía pertenecer al ser querido fallecido.

Tampoco son capaces de consentir que otras personas muevan las pertenencias de la persona difunta, ya que ellos mismos no han sido capaces de moverse desde la situación inicial (más a nivel emocional que físico, como se puede imaginar).

¿Cómo abordamos el duelo patológico?

En primer lugar, como psicólogos en Valencia debemos poder convertirnos en un acompañamiento del proceso doloroso del paciente, para que pueda sentir que somos un apoyo en el que puede volcar el sufrimiento derivado de su pérdida.

En segundo lugar, trabajar con el paciente para explorar cuáles son sus recursos y cuáles han sido sus impedimentos para que su proceso de duelo no haya podido cerrarse de forma normal. ¿Qué otros factores han podido influir? ¿Con qué apoyos cuenta o ha contado? ¿Cómo se ve, describe o percibe a sí mismo?

Entretanto, es importante que respetemos el espacio de la persona, que demos valor a sus silencios, a lo que quiere y no puede decir, así como a lo que puede y no quiere decir.

Resulta fundamental que permitamos que el paciente hable durante la mayor parte del tiempo, porque de esta manera le estamos mostrando que acogemos el contenido y la forma de lo que nos trae a las sesiones y, por otro lado, le invitamos a que pueda sentirse seguro y sostenido en su proceso.

Se trata de que el paciente se haga consciente de qué recursos tiene en su mano para poder afrontar la situación del duelo y qué puede hacer con ellos para poder avanzar.

En esta línea, nuestra función una vez extraído el dolor acumulado, retenido o reprimido y habiendo trabajo con él, es recolocar a la persona fallecida en la vida del paciente.

Este proceso puede requerir de más o menos tiempo en función de la magnitud del duelo que nos encontremos, pero cumpliendo con la función de contenedores emocionales, podemos trabajar con la persona para proporcionarle experiencias que le permitan resituarse en relación con su pérdida y, de esta manera, asimilarla de una forma más positiva dándole la oportunidad de “hacer algo”, cuando su sensación inicial con respecto a la muerte fuera un “no poder hacer nada”.

Si estás enfrentándote a una pérdida y crees que ha podido convertirse en un duelo patológico, no dudes en contactar con nosotros.