¿Puede un bebé tener problemas de autoestima?

En primer lugar, debemos preguntarnos: ¿qué es la autoestima?

La autoestima es un concepto psicológico, debatido y explicado en múltiples ocasiones y de muy diversas maneras, que hace referencia al conjunto de percepciones, sentimientos y evaluaciones que generamos hacia nosotros mismos a partir de nuestras propias vivencias, experiencias, oportunidades y fracasos. La percepción que tenemos sobre la forma en que nos desempeñamos en el mundo nos genera una mayor o menor sensación de valía que, a su vez, repercute en la forma en que nos relacionamos con el mundo.

De forma simplificada, podríamos definir la autoestima de forma similar a: “cómo me valoro a mí mismo”.

La jerarquía de las necesidades y la autoestima.

Uno de los psicólogos que más ha trabajado sobre el tema de la autoestima en sus teorías es Abraham Maslow, fundador de la famosa jerarquía de necesidades humanas, que vemos a continuación:

Jerarquía de las necesidades. Psicólogos en Valencia.

 

Según Maslow, para poder llegar a la necesidad última del ser humano, la necesidad de autorrealización (la creatividad, espontaneidad, falta de prejuicios, facilidad para resolver problemas, etc.) es imprescindible haber cubierto primero las necesidades anteriores.

Es decir, para poder llegar a la máxima realización de uno mismo, primero debemos haber satisfecho nuestras necesidades fisiológicas básicas (comida, bebida, sueño, actos sexuales, etc.), ya que no podemos sobrevivir si no contamos con energía para poder afrontar los retos que se nos presenten.

Una vez satisfechas estas necesidades, la siguiente en la jerarquía tiene que ver con la seguridad, entendida como la provisión de recursos como un trabajo, una casa, una familia, etc. En resumen, un entorno que nos permita sentir que nuestra integridad física está garantizada.

A partir de este nivel, entramos en los tres escalones más puramente psicológicos. El tercero tiene que ver con la necesidad de afiliación o pertenencia. Esta necesidad nos viene a decir que no nos sirve de mucho tener una casa o un trabajo, si no hay nadie a nuestro alrededor con quien podamos compartir qué hemos hecho, cuáles son nuestras expectativas, qué cosas nos hacen sufrir, qué cosas nos hacen reír, etc.

Como hemos comentado en posts anteriores, el ser humano es un ser gregario por naturaleza. La sensación de soledad (sentirse solo, que no es lo mismo que estar solo) es uno de los mayores sufrimientos de la sociedad actual, y por ese motivo sentir que formamos parte de algo es una necesidad inherente al crecimiento humano.

El cuarto escalón es el que tiene relación con el contenido de este post. La necesidad de reconocimiento o de (auto)estima tiene que ver con el sentirse apreciado, valorado, reconocido por habilidades, aptitudes, etc. En definitiva, con la elaboración del sentimiento de aprecio a uno mismo.

De acuerdo con Maslow, sólo si todas estas necesidades están cubiertas, podemos llegar a la máxima expresión de nosotros mismos. Así pues, llegados a este punto creemos que habréis podido comprender lo importante que es la autoestima en el proceso de desarrollo y crecimiento personal.

Problemas de autoestima infantil.

Hemos detallado el concepto de autoestima, pero volviendo a la cuestión inicial, ¿podría un bebé tener problemas de autoestima?

Cuando hablamos de bebé en este post, nos referimos a niños de edades comprendidas entre los 0 y los 3 años, cuyas dificultades para expresarse a nivel oral como la haría un adulto nos llevan a centrar nuestra observación en su conducta y en el modo que emplean para relacionarse con las personas de su entorno.

Como vimos en el post de ansiedad por separación, existen varios tipos de apego en función de cómo el niño o niña reacciona a la ausencia del cuidador principal, la aparición de una persona extraña, el retorno del cuidador, etc.

En su momento abordamos este concepto tratando de explicar que los vínculos se generan en el contacto con el otro, siendo en el caso del bebé verdaderamente importante el tipo de contacto que el otro le proporciona para poder sentirse seguro y protegido.

En relación con este concepto, el psiquiatra y psicoanalista John Bowlby desarrolló la teoría del apego, que nos habla (de una forma muy similar a como lo haría Maslow en su jerarquía de necesidades) de cómo el recién nacido necesita desde el primer momento poder relacionarse con al menos un cuidador para que su desarrollo social y psico-emocional se dé de forma óptima.

Así pues, ¿qué ocurre cuando el bebé no percibe ese vínculo con el cuidador? ¿Qué ocurre si el bebé llora y, por norma general, nadie atiende su llanto? ¿Y si el bebé necesita interactuar a través del juego y no tiene quien se preste a acompañarle en ese proceso?

Un bebé al que se ignora, aprende a ser ignorado. Un bebé al que se escucha, aprende a ser escuchado. No podemos decir que el procesamiento cognitivo de un bebé es igual al del adulto dado que sería una afirmación errónea, pero los niños aprenden desde el primer instante de sus vidas.

Y, sobre todo, los niños sienten desde el segundo en que empiezan a respirar fuera del vientre materno.

Del mismo modo que los adultos podemos identificar nuestra sensación de soledad, tristeza, alegría, enfado, etc., también los niños pueden sentirse solos expresándolo a través del llanto, o sentirse felices y regalar sonrisas a sus cuidadores.

Si no hay nadie que atienda el sufrimiento del niño, puede llegar a entender que no es lo suficientemente valioso como para que se le acompañe en su tristeza o en cualquier otra emoción que pueda surgir.

Los casos de baja autoestima infantil son frecuentes cuando alguno (o ambos) cuidadores principales está ausente y no puede (o no quiere) dedicar al niño el tiempo que necesitaría pasar en relación con otro.

Puede que las necesidades básicas del bebé estén cubiertas, pero si no se siente vinculado a algún cuidador recibiendo atención, cariño, etc., su desarrollo social y emocional se verá perjudicado a largo plazo.

¿Cómo podemos saber si un bebé tiene problemas de autoestima y cómo podemos trabajarla?

Para averiguar si un bebé puede estar en condiciones de tener problemas de autoestima, en primer lugar, debemos hablar con sus cuidadores principales (generalmente sus padres).

Como psicólogos, debemos explorar con ellos el tipo de relación que han establecido con el bebé, cómo organizan el tiempo que pasan con él, qué actividades realizan, cómo interactúan a través del juego, cómo gestionan el llanto o los enfados, etc.

Cuando detectamos que alguna de las pautas o patrones de interacción puede no estar funcionando adecuadamente, debemos detenernos a explorar qué es exactamente lo que podemos mejorar y cómo podemos hacerlo a partir de la relación con el niño.

En el caso de que, aparentemente, el patrón de interacción paterno explorado sea adecuado pero la relación con el niño esté resultando por algún motivo complicada para los padres u otras personas que cuidan del bebé (abuelos, tíos, educadores del jardín de infancia, etc.), nuestra labor es comenzar la exploración con el niño.

¿Cómo podemos hacerlo? Acercándonos al bebé a través del juego con él. Podemos explorar el tipo de actividades que elige para el juego, qué características presenta (más tranquilo, más activo, más grupal, más individual, etc.) y cómo nos incluye dentro de él.

Debemos prestar mucha atención a cómo se desarrolla el/los juego/s que nos presente y de qué manera nos deja participar. Debemos respetar el espacio que guarda para sí mismo y el que nos otorga como invitados a su círculo personal.

El patrón de interacción mediante el juego nos puede proporcionar mucha información sobre la manera en que busca relacionarse con los demás y, de la misma manera, atender a las emociones que puedan surgir durante el proceso nos ayudará a darle solidez a lo que pretendemos ofrecer al niño.

La información que vamos a recoger mediante la acción de estar con el niño, no solamente va a servir para apoyar que pueda sentir que forma parte de algo, sino que se valoran tanto sus creaciones y elaboraciones cómo las habilidades que emplea para llegar a ellas.

De esta forma, podemos aportar un nuevo punto de apoyo para los cuidadores principales que les pueda ser de utilidad a la hora de acercarse al niño, observar y escuchar sus necesidades y establecer una pauta de comunicación entre iguales con la ayuda de un mediador como es el juego, cuyas normas pueden ser co-creadas entre los dos.

Si sospechas que tus hijos pueden tener problemas de autoestima, puedes contactar con nosotros para tener la ayuda de un grupo de psicólogos en Valencia.