Psicólogo infantil en Valencia. Motivación y rendimiento académico.

Cuando hablamos de motivación, nos referimos a un proceso que se inicia con un impulso que pone en marcha una conducta o acción con el objetivo de satisfacer una necesidad.

Dicho de otra manera, podríamos explicar la motivación como el motor de nuestra conducta, algo que se activa y moviliza nuestra energía en una dirección y con un propósito.

Dentro de la definición global de motivación, podemos encontrar dos subdivisiones principales: la motivación intrínseca y la motivación extrínseca.

La motivación intrínseca (interna o propia) hace referencia al deseo o voluntad de la persona por buscar nuevos desafíos o intereses que van ligados al crecimiento y desarrollo personal, la búsqueda de un mayor conocimiento de uno mismo y de otros aspectos o factores que le rodean, permitiéndole una mejora notable a nivel personal, académico y/o laboral.

La motivación intrínseca parte de uno mismo, como ya hemos visto pero, además, está enfocada a una tarea por el placer o curiosidad por la tarea en sí, no por otras recompensas que puedan estar ligadas a la realización de la tarea.

Si éste fuera el caso, hablaríamos de motivación extrínseca, que se genera de forma externa al individuo.

La motivación extrínseca tiene que ver con el desempeño de una tarea con el objetivo de llegar a un resultado concreto, y no por el placer de realizar la actividad en sí.

Este tipo de motivación está muy mediada por la presencia de recompensas y castigos, que se convierten en los principales empujes para la ejecución o evitación de una acción determinada.

No obstante, ambos tipos de motivación no siempre son necesariamente opuestos ya que, en algunas ocasiones, la propuesta de una recompensa concreta para la realización de una tarea (que sería, inicialmente, motivación extrínseca) puede aumentar el interés por el desempeño de la propia tarea (y, por tanto, la motivación intrínseca).

¿Cómo afecta la motivación al rendimiento académico?

Como se puede imaginar, el factor motivacional juega un gran papel en el rendimiento académico de niños y adolescentes desde la perspectiva de la psicología infantil.

Cuando decimos que nuestros estudiantes no están lo suficientemente motivados, solemos estar refiriéndonos a la motivación intrínseca, ya que no encuentran determinada/s asignatura/s o tarea/s lo bastante interesante o atractiva como para centrarse en ella/s por el mero placer de hacerlo.

En estos casos, debido a que a los niños y adolescentes se les exige un resultado del aprendizaje en cada bloque educativo (trimestre/cuatrimestre), en muchas ocasiones los padres y profesores se ven obligados a estimular la motivación de sus hijos y estudiantes ofreciendo ventajas y/o premios (regalarles algo que llevan tiempo deseando/eximirles de un examen final si se aprueba durante todo el curso), o bien recurriendo a castigos si no se alcanzan unos mínimos (“te quedas sin vacaciones”). Esto es, como ya sabemos, motivación extrínseca.

Así pues, lo ideal es encontrar la forma de que niños y adolescentes se sientan atraídos por la tarea en sí, por ejemplo los deberes como forma de aprendizaje, y no se limiten a buscar la recompensa tras su realización, lo que puede incluso acabar mermando su autoestima.

¿Por qué razón esto sería “idóneo”? Porque se ha demostrado que la motivación intrínseca es más sólida y duradera y, de la misma forma, los estudiantes que se apoyan en este tipo de motivación se sienten más capaces de conseguir sus objetivo o metas establecidos, atribuyen sus resultados académicos a aspectos que quedan bajo su control (“he aprobado” vs. “me han aprobado”) y buscan dominar un tema por la curiosidad inherente en hacerlo (crecimiento personal).

Sin motivación, no podemos alcanzar ningún objetivo. No hay un “empuje” en ninguna dirección. Por este motivo, la motivación y el rendimiento académico van fuertemente cogidos de la mano.

¿El factor emocional también tiene algo que ver?

Podemos responder a esta pregunta con un sencillo ejemplo: ¿Cuándo podemos tener más ganas de estudiar, si nos encontramos tristes o contentos?

El factor emocional afecta a ambos tipos de motivación, tanto intrínseca como extrínseca, dependiendo del estado anímico en que nos encontremos y de la causa o causas que podamos atribuir al mismo.

Por tanto, además de evaluar el nivel de motivación que niños o adolescentes puedan tener, sería interesante hacer una evaluación completa de su estado emocional.

Con frecuencia nos encontramos casos de niños cuyo rendimiento escolar ha descendido de forma considerable tras la separación o el divorcio de sus padres, el nacimiento de un hermano menor o diversos conflictos con sus compañeros de aula.

Motivación y psicología infantil.

Cualquiera de estas situaciones, que no resultan extrañas en nuestra sociedad actual, perturba el estado emocional de los niños y/o adolescentes que las viven, puesto que muchas veces no cuentan con recursos (no tanto económicos como psicológicos) para poder enfrentarse a ellas.

Así pues, si nuestros niños y adolescentes conviven con una situación familiar o social complicada que no pueden resolver (pues, en la mayoría de ocasiones, la resolución no depende estrictamente de ellos), es muy probable que aspectos como la motivación se vean afectados y, por esa razón, suceda lo mismo con su rendimiento escolar.

¿Cómo podemos trabajar la motivación?

En primer lugar, y a partir de lo comentado en el apartado anterior, debemos hacer una exploración sobre aspectos emocionales que puedan estar mediando en la motivación del niño/adolescente.

Si tenemos claro qué debemos trabajar a este nivel, podemos empezar a recabar con el paciente diferentes recursos que puede ir desarrollando para ajustarse a su entorno de la mejor manera posible.

En segundo lugar, debemos elaborar un análisis sobre el nivel de motivación intrínseca y extrínseca de la persona que tenemos delante. ¿Hasta qué punto se interesa por algún/os tema/s de forma espontánea o por placer o bien su esfuerzo va ligado en mayor medida a la búsqueda de una recompensa o la evitación de un castigo?

Llegados a este punto, podemos establecer un “mapeo” sobre el funcionamiento general del niño/adolescente. De esta forma, observamos en qué otras áreas de su vida cotidiana hay una mayor presencia de un tipo u otro de motivación.

Así pues, en función de lo que observemos sería adecuado realizar un trabajo con el entorno familiar del niño/adolescente para poder estudiar las dinámicas familiares y cómo los diferentes miembros del sistema y sus motivaciones se repercuten entre sí.

De esta manera, cuando hay una gran presencia de motivación extrínseca que guía las acciones de los miembros de una familia (trabajo por el salario (no porque disfrute mi trabajo), estudio porque me han prometido una consola, ordeno mi habitación para que me den la paga, etc.), también suele existir un menor disfrute de la mayoría de tareas que se realizan a lo largo del día, habitualmente posponiéndolas.

En estos casos, se vive en una especie de piloto automático en el que ni siquiera somos conscientes de lo que estamos haciendo (normal, ¡estamos en modo automático!).

Por este motivo, es fundamental reconducir los intereses del niño/adolescente y, si se permite, de su sistema familiar, hacia sí mismos. Se recomienda explorar aficiones, habilidades, curiosidades que hayan podido existir y se hayan perdido o que nunca se hayan llegado a descubrir.

El propósito de esta medida es que el niño/adolescente se conozca más y mejor: sepa de sus fortalezas, sus debilidades, sus inquietudes, sus temores, etc., de manera que pueda trabajar sus limitaciones y desarrollar todavía más aquello que le permita crecer.

Cuando nos conocemos más y mejor, también nos enfrentamos al mundo con otra actitud. Ya no se trata de hacer las cosas para conseguir algo, sino que el mero hecho de hacerlas nos supone un aprendizaje y una gratificación.

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