familia de patos

En psicología, denominamos familia de origen al sistema familiar al que pertenece una persona por nacimiento. Es decir, la familia de origen de un paciente concreto estaría formada por sus padres y hermanos, en caso de no ser hijo único.

Cada familia de origen es única y no es posible que encontremos dos familias idénticas, dado que los miembros que las conforman también son unidades singulares e irrepetibles.

Además, la familia se convierte en el primer grupo social de pertenencia (formo parte de él) y de referencia (mis normas, decisiones y creencias se basan en él) desde edades tempranas, aunque el factor de referencia puede modificarse e, incluso, anularse en la edad adulta.

¿Verticalidad y horizontalidad?

En toda familia encontramos una serie de relaciones jerárquicas en sentido vertical y horizontal.

Por un lado, los adultos mantienen una relación vertical con respecto a los más jóvenes, debido a la creencia sobre su responsabilidad en el cuidado, protección y educación de las siguientes generaciones.

En esta jerarquía existen una serie de condiciones no siempre recíprocas (los límites, con mayor o menor flexibilidad, se establecen de arriba hacia abajo, por ejemplo) que se transmiten de unos miembros a otros.

Además, entre miembros del mismo nivel jerárquico suele existir una determinada complicidad que no siempre se traslada a los otros niveles.

Ocurre así entre los padres (haciendo honor a la conyugalidad) y, también, entre hermanos (cumpliendo con el sentimiento de fraternidad).

Por tanto, los padres forman un equipo en el cuidado y educación de los hijos, mientras que estos son cómplices de juegos y trampas infantiles de cuya participación quedan excluidos sus progenitores.

No obstante, todos los miembros de la familia son importantes y necesarios para el adecuado funcionamiento de la misma. Cada persona cumple con un rol y tiene una función esencial para el equilibrio del sistema.

Por esa razón, en terapia familiar siempre ha de analizarse en profundidad y con detalle el funcionamiento del sistema completo, para comprender cuál es el papel de cada uno de sus integrantes.

¿Cuándo se convierte la familia de origen en disfuncional?

Existen dos tipos de familia de origen que podemos considerar como disfuncionales: la familia centrípeta y la familia centrífuga.

La primera, también conocida como fusional, constituye un movimiento hacia el interior, por lo que prevalece el valor de la unidad familiar sobre la disgregación de sus miembros.

En este tipo de familia, no existe la autonomía ni la individualidad, por lo que todos sufren y padecen, unos en relación con otros.

No se permite fácilmente la emancipación de los hijos, viéndose a las parejas de los mismos como “extraños”.familia de origen. Verticalidad u horizontalidad

La segunda, la familia centrífuga, constituye un movimiento hacia el exterior.

Es un tipo de familia que expulsa a sus miembros, carece de estructura y de comunicación emocional. Se caracteriza asimismo por la ausencia de preocupación por los miembros que la componen.

Por tanto, y a partir de estos dos tipos de sistema, podemos afirmar que la familia sana es aquella que cuida de sus miembros, favoreciendo una adecuada estructura y comunicación emocional, pero permite que se marchen para formar su propia familia cuando llegue el momento oportuno.

¿Lealtad y diferenciación?

Estrictamente hablando, la lealtad se entiende como el hecho de cumplir con lo que dictan las leyes de fidelidad y de honor.

Dentro de cada sistema familiar existe todo un entresijo de normas que van más allá de los términos de conducta, sino que tienen que ver con las creencias que se establecen sobre lo que es más y menos adecuado a la hora de pensar, sentir y hacer, los códigos relacionales o los esquemas sobre cómo se debe “ser” en el mundo.

Una gran parte de los conflictos que surgen en las relaciones entre adultos, y también en el contacto entre niños, tiene que ver con la percepción de estar poniendo en peligro la concepción de honor y fidelidad hacia la familia en base a esos valores que se han ido integrando en nuestra forma de ser a partir de la idiosincrasia propia de cada sistema familiar.

Así pues, un buen número de comportamientos que ponemos en práctica están motivados (o limitados) por esas creencias sobre lo que es adecuado, inadecuado, lo que podría decepcionar a algún miembro del sistema familiar y lo que podría enorgullecerle.

Llegados a este punto podemos preguntarnos: ¿sirve de algo ser leal al sistema familiar?

La lealtad al sistema familiar nos permite sentirnos parte de nuestra familia de origen, reconocer las características que la describen y conforman, y cumplir con el rol que, de forma directa o indirecta, se nos ha asignado.

Sin embargo, cuando la lealtad a la familia se convierte en un impedimento para formar nuevas relaciones sociales o de pareja, entonces podemos decir que se ha convertido en un concepto patológico (entendiendo patológico desde el origen de la palabra griega, en la que “pathos” significa “sufrimiento”).

La lealtad, en su aspecto más salutogénico, va unida a la diferenciación de la persona.

Es decir, la persona es capaz de reconocer y cumplir con las creencias, normas y otros aspectos característicos de su sistema familiar, pero también es capaz de diferenciarse, esto es, de desarrollar sus propias características y particularidades, que pueden o no coincidir con las de la familia.

Este proceso no suele ocurrir en el tipo de familia centrípeta, pero ocurre muy necesariamente (porque no existe vinculación) en la familia centrífuga.

Cuando en una familia se desarrollan procesos relacionales sanos, ambos conceptos funcionan de forma complementaria y no excluyente.

De hecho, para formar una nueva familia, todo comienza con la unión de una pareja, teniendo en cuenta que ambos miembros se “divorcian” de sus familias de origen a partir de ese momento.

Este “divorcio” supone un cambio de lealtad, de forma que la pareja en adelante creará su propio sistema de normas y creencias que tratará de transmitir a sus descendientes, en caso de haberlos.

Sin embargo, este cambio de lealtad no es un equivalente a traición. No se produce una ruptura irreconciliable con la familia de origen, sino que el nuevo foco se sitúa en la familia a construir en la relación de pareja.

Por tanto, no siempre se puede considerar desleal al cambio de lealtad, sino que es adaptativo y coherente con determinadas fases del ciclo vital.

¿Cómo se trabaja este tipo de conflictos familiares?

En primer lugar, ante cualquier problema familiar, y como ya se ha comentado anteriormente en este artículo, es fundamental explorar con detalle cómo es el funcionamiento del sistema familiar.

Debemos tener claros los roles y funciones que cumplen cada uno de sus miembros y qué suponen dichos roles tanto para ellos como para los demás integrantes de la familia.

A partir de este punto, podremos analizar cómo afecta el sentimiento de lealtad al funcionamiento familiar y cuál es el nivel de diferenciación de los miembros.

Sobre todo, es fundamental que no tratemos de forzar en ninguna dirección. No somos nosotros, los psicólogos, los que debemos decidir qué es lo mejor para cada paciente, sino que debemos ser un excelente acompañamiento durante su proceso en su propio descubrimiento de qué necesita y qué desea hacer.trabajo terapéutico en la familia de origen

En muchas ocasiones, nos encontraremos con un sistema familiar que señala a uno de sus miembros como “paciente designado”. En estos casos, este paciente designado cumple con una función, pendiente de clarificar, para la familia, y debemos comprender muy bien por qué se le designa como elemento problema antes de abordar la problemática subyacente en el funcionamiento familiar.

Cada familia constituye un sistema complejo en el que todos sus miembros guardan una relación de suma importancia entre sí. Como psicólogos en Valencia, nos comprometemos a realizar un abordaje terapéutico de calidad, adaptado a las necesidades de cada familia.

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