Un partido de fútbol.

Uno de los modelos teóricos que más influencia ha tenido en el mundo de la psicología es el modelo sociocognitivo (anteriormente, teoría del aprendizaje social) desarrollado por Albert Bandura en 1986, y posteriormente adaptado para integrar conceptos de la psicología cognitiva relativos a procesos de aprendizaje a través de la experiencia, la observación y la comunicación simbólica.

Este modelo parte de la base de que, ante un acontecimiento que sucede en el entorno, la persona responderá de forma cognitiva, emocional y comportamental. Esta forma de responder se relaciona con que la persona puede controlar su conducta mediante su cognición, y que esta conducta tiene una influencia tanto sobre el entorno como sobre las emociones, los pensamientos y las posibles respuestas fisiológicas.

De esta manera se desarrolla el concepto de determinismo recíproco, que viene a significar que la persona es un agente de cambio e influencia sobre su entorno, y no se limita a reaccionar de forma pasiva ante él.

Otro postulado esencial en esta teoría tiene que ver con el énfasis en la capacidad individual para pensar sobre uno mismo y poder autorregularse. Esta autorregulación se basa en la integración simbólica de los procesos de aprendizaje relativos a nuestra conducta y los sucesos de nuestro entorno, de forma que se convierte en una guía para la persona de cara a actuaciones futuras.

¿Cómo se relaciona este modelo con el rendimiento deportivo?

Cuando hablamos de rendimiento deportivo, hacemos referencia a la capacidad de alcanzar un elevado nivel de función física dentro de un deporte dado, aunque también podemos hablar de rendimiento deportivo relacionando los medios que se emplean para conseguir un objetivo y el resultado que finalmente se logra.

En relación con esta definición, debemos destacar que además de los dos postulados que configuran la base de la teoría sociocognitiva, contamos con otros cuatro constructos que resultan esenciales para comprender este modelo y que, a continuación, nos servirán para abordar el rendimiento deportivo:

  • El aprendizaje a través de la observación o modelado: Esta premisa determina que una conducta se puede aprender a través de observar cómo otra persona (modelo) la realiza y constatar las consecuencias que se derivan de ella.

Como explicamos en el artículo sobre los experimentos más curiosos en psicología, uno de ellos, el del muñeco bobo, fue un diseño del propio Albert Bandura para demostrar este tipo de aprendizaje observacional en niños.

Del mismo modo, este tipo de aprendizaje se puede aplicar en el ámbito deportivo, ya que, tanto en deportes de tipo individual como en deportes de equipo, existe un patrón o modelo a seguir en cuanto a la ejecución deportiva para alcanzar el mejor resultado posible.

Se trata de observar qué hace el otro para modelar mi conducta en la misma dirección o en dirección opuesta en función del éxito o fracaso observado en esa otra persona.Un partido de volleyball

También resulta muy útil a nivel de iniciación deportiva, dado que la representación simbólica permite observar y copiar una conducta de otra persona, aunque no se haya ejecutado nunca (con un nivel mayor o menor de destreza).

  • Las expectativas de autoeficacia y las expectativas de resultado: Cuando hablamos de expectativa de autoeficacia, nos referimos a la capacidad percibida para ejercer un control, no sólo sobre nuestra conducta, sino sobre los procesos de pensamiento, emociones, motivación y el entorno con el que interactuamos.

En relación con esta expectativa, nos encontramos la de resultado, que tiene que ver con los resultados que esperamos obtener llevando a cabo una determinada conducta.

Ambas expectativas están altamente relacionadas con el mundo deportivo, ya que la creencia que los deportistas establecen sobre sus propias capacidades y habilidades, así como su visión de éxito o fracaso en función de las acciones empleadas, modulan la gestión emocional y conductual y, por ende, también su rendimiento.

  • El proceso de autorregulación: Este proceso, ya mencionado en el primer bloque de este artículo, se relaciona con el control sobre la conducta, motivación y estados afectivos que la persona realiza, comparando el comportamiento puesto en marcha con sus reglas y normas internas.

Cuando este comportamiento se ajusta a la norma, la persona lo evaluará como positivo y obtendrá satisfacción mediante la ejecución del mismo. Sin embargo, si la persona considera que la conducta no se ajusta a su norma interna, la evaluación de la misma será más negativa y obtendrá un mayor nivel de insatisfacción.

A menudo encontramos deportistas, tanto de deporte individual (p.e. tenis) como colectivo (e.j. baloncesto) cuya capacidad de autorregulación es más baja o más elevada que la de otros rivales u otros compañeros de equipo.Un jugador de baloncesto.

De hecho, es frecuente observar que, en algunos deportistas, cuando se producen varios fallos consecutivos en un mismo partido del deporte que sea, su rendimiento comienza a descender de forma drástica. En estos momentos, su evaluación de su conducta deportiva con respecto a su norma interna se encuentra totalmente descompensada y esto les genera un alto nivel de insatisfacción y frustración.

  • La percepción de autoeficacia colectiva: Este postulado defiende que, para conseguir unos resultados más satisfactorios y alcanzar un nivel adecuado de bienestar, se necesita trascender los intereses personales para lograr otras metas compartidas con los demás.

Se trata de la creencia compartida por cualquier grupo acerca de su propia capacidad conjunta para organizar y ejecutar las acciones necesarias para alcanzar los resultados planteados por el grupo.

A nivel deportivo, la percepción de autoeficacia colectiva es fundamental en deportes de equipo. En estos casos, el todo es más que la suma de las partes, ya que se trata de sobrepasar los límites individuales y trabajar conjuntamente en coordinación tanto física como cognitiva y emocional para alcanzar los objetivos planteados por todos los miembros del colectivo.

¿Cómo se puede aprovechar el modelo sociocognitivo para mejorar el rendimiento deportivo?

La teoría sociocognitiva puede resultar de gran utilidad de cara a incrementar el rendimiento deportivo tanto a nivel de deporte individual como de deporte de equipo.

Para comenzar, como psicólogos deportivos, nuestro trabajo de la atención y la retención de información resultarán fundamentales en la parte de aprendizaje por observación o modelado, ya que es esencial mantenerse atentos a los aspectos más relevantes de la conducta a imitar, así como a los aspectos innecesarios (excesivo riesgo p.e.) que conviene no adoptar.

Además, este modelado se puede fomentar mediante el uso de incentivos extrínsecos (como el apoyo social), vicarios (derivados de los resultados positivos que se observa que consiguen los otros al realizar esa misma conducta) o incentivos que la propia persona se otorga a sí misma cuando evalúa positivamente su comportamiento.

Con respecto a las expectativas de autoeficacia y de resultados, será importante explorar con los miembros del equipo (o con el deportista en solitario, si se trata de un deporte individual) cómo valoran las situaciones complejas (¿amenaza o reto?) y cuál es su nivel de confianza en sí mismos y en sus habilidades para poder hacerles frente.

En ocasiones, encontraremos niveles bajos de autoestima en algunos miembros de un equipo o en deportistas a nivel individual. La baja autoestima tiene que ver con una percepción de baja de su propia valía, lo que afecta a la persona tanto a nivel emocional como conductual.

En estos casos, es importante trabajar mediante el refuerzo los éxitos de esta persona, a la par que sus fortalezas y debilidades para que pueda, progresivamente, incrementar tanto su expectativa de autoeficacia como la de resultado.

En esta misma línea, los procesos de autorregulación también se pueden ver influidos por problemas de autoestima o bien, por una baja expectativa de autoeficacia y/o resultado.

La capacidad de autorregulación resulta de gran interés a nivel deportivo, ya que permite que la propia persona sea capaz de evaluar su ejecución y modificarla a partir de sus creencias sobre su competencia de cara a intervenciones futuras.Un equipo de béisbol infantil.

Algo que puede ser de utilidad en este proceso de autorregulación, para aquellos a los que resulta más difícil, es definir objetivos realistas, específicos, cuantificables y alcanzables y un plan de acción para llegar a ellos. No debe olvidarse que estos objetivos deben suponer un cierto nivel de reto para la persona.

Del mismo modo, sería conveniente situar los objetivos en el tiempo, subdividiéndolos en función de su proximidad temporal, de manera que la persona pueda dirigir diferentes estrategias de acción, más concretas y asumibles para cada uno de ellos.

A lo largo de este proceso, para poder mantener tanto la motivación como el nivel de esfuerzo es adecuado que la persona aprenda a reforzarse en la medida en que obtenga y alcance los diferentes propósitos que se hayan establecido.

Por último, en relación con la autoeficacia colectiva, el psicólogo deportivo en Valencia debe ser capaz de estudiar las diferentes personalidades, fortalezas y debilidades de cada uno de los miembros del equipo a nivel tanto cognitivo, como emocional y conductual, para ser capaz no sólo de trabajarlas con ellos, sino de generar un entramado en el que las debilidades de uno de los miembros pueden convertirse en fortalezas de otro de ellos (y viceversa), y así ser aprovechadas para un mejor rendimiento de todo el equipo.

En esta última sección conviene resaltar la importancia de fomentar el espíritu de grupo y de éxito conjunto, así como la necesidad de pensar, sentir y actuar como las n personas del equipo, a la par que ser capaz de procesar y gestionar los propios pensamientos, emociones y conductas a nivel individual.

 

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