Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el concepto de droga se considera en el ámbito de la medicina en referencia a toda sustancia con potencial para prevenir y/o curar una enfermedad. El uso de una gran cantidad de ellas puede desembocar en una adicción.

Sin embargo, en el lenguaje cotidiano nos encontramos que el término de droga hace referencia a sustancias psicoactivas que no se emplean con un uso terapéutico, sino que su uso se realiza por placer y cuentan con un potencial factor de abuso o dependencia.

La mayoría de estas drogas son sustancias que se consideran ilegales en la mayoría de países del mundo, como ocurre con la cocaína, la heroína, las anfetaminas, el LSD, etc.

El consumo de estas sustancias produce varios efectos que es importante que tengamos en cuenta a lo largo de este texto.

Uno de ellos, la dependencia, tiene que ver con la necesidad que siente la persona de consumir la droga para sentirse bien o, mejor dicho, para no sentir malestar.

La adicción y la dependencia.

Encontramos que hay dos tipos de dependencia en el consumo de drogas: fisiológica y psicológica.

La primera nos lleva al segundo concepto importante, la tolerancia, dado que la dependencia fisiológica nos muestra cómo el organismo siente que necesita la droga, de forma que cada vez debe consumir mayor cantidad de droga (o en mayor frecuencia) para poder alcanzar los mismos efectos que en la dosis inicial.

La dependencia psicológica, por otro lado, tiene que ver con la falta de control con respecto al consumo de la droga, de manera que se produce una asociación negativa entre la ausencia de droga en el cuerpo y las sensaciones que esta carencia produce, y es así como la persona vuelve a su búsqueda apremiante de la droga con tal de poner fin a su malestar.

Llegados a este punto, conviene también que mencionemos el conocido síndrome de abstinencia, que se refiere al conjunto de síntomas físicos y psíquicos que aparecen cuando un consumidor dependiente de una droga interrumpe su consumo.

A menudo se ha barajado la hipótesis de que el inicio de un consumo dependiente de droga tiene que ver con el componente psicológico de volver a vivir las mismas sensaciones que aparecieron con el primer uso de cualquier sustancia de este tipo.

La búsqueda de esas mismas sensaciones llevaría a cronificar el consumo (dependencia) e, incluso, a aumentar la dosis (tolerancia) con tal de obtener aquel mismo resultado.

Esto nos lleva al último concepto relevante a explicar en este texto: el de adicción.

A nivel biológico, el consumo de drogas se relaciona con nuestro sistema de refuerzo. El placer inicial que reporta el consumo de una droga, desencadena la liberación de dopamina, una sustancia de nuestro cerebro con un papel esencial en el refuerzo de estímulos en el núcleo accumbens (nuestra “central del refuerzo” cerebral).

La dopamina se libera de forma natural como refuerzo para estímulos como la comida, el agua o la actividad sexual.

De la misma manera, las drogas afectan a nuestro funcionamiento cerebral estimulando el sistema de refuerzo y la secreción de dopamina en este núcleo.

Puesto que nuestro cerebro vive el consumo de la droga como un “estímulo reforzado positivamente” mediante la propia química neuronal, la persona adicta busca patológicamente la recompensa que le ofrece el consumo de droga, siendo incapaz de controlar su conducta o mantenerse en abstinencia permanente. A este fenómeno lo llamamos adicción.

Hemos hablado del funcionamiento general del organismo en relación con las drogas, pero ¿qué ocurre con las drogas legales? ¿Cómo encaja el alcohol dentro de esta categoría?

Las drogas legales se diferencian de las drogas ilegales porque su consumo está regulado por la ley en la mayoría de países.

De esta forma, una persona cualquiera puede comprar fácilmente tabaco o alcohol en un estanco o quiosco, o en un supermercado (en cualquier caso, si supera la mayoría de edad establecida para ello).

El alcohol que consumimos como bebida se puede obtener de forma natural por fermentación de frutos o granos (como el vino o la cerveza), obteniendo una bebida alcohólica de baja graduación alcohólica (algo que no tiene que ver con la adicción), o bien por destilación, un proceso de concentración del alcohol que consiste en su evaporación y posterior condensación por enfriamiento, de manera que la cantidad de alcohol (y la graduación) es muy superior.

No obstante, algunas drogas legales como el alcohol o el tabaco, producen los mismos efectos de tolerancia, dependencia, abstinencia y, por supuesto, adicción, que cualquier otra droga ilegal.

¿Qué efectos produce el consumo de alcohol?

El alcohol (y el etanol como componente principal) es una droga que se considera depresora del funcionamiento del sistema nervioso central. Esto quiere decir que hace que el funcionamiento cerebral sea más lento o se inhiba en algunas partes.

Adicción al alcohol. Whiskey

Por tanto, encontramos que con el consumo de alcohol se produce una dificultad tanto en el proceso de concentración con en el de memoria, disminución de la presión sanguínea, una subida del umbral del dolor que podríamos calificar como analgesia, aparece somnolencia, una conducta más desinhibida (por “desconexión” temporal de la corteza frontal, que es nuestra base de racionalidad y toma de decisiones) y una exacerbación del estado de ánimo vigente en el momento del consumo (exaltación de la amistad o euforia, en caso de estado anímico positivo y conductas como llanto o lamentos, en caso de estado anímico depresivo).

¿Cómo detectamos que una persona pueda tener problemas de alcohol?

Hay varios factores a los que podemos atender para sospechar que una persona pueda tener problemas con el alcohol.

A título individual, pueden aparecer ansiedad y cambios de humor derivados de la dependencia de la droga y la necesidad tanto física como psicológica de consumirla. Podemos encontrarnos con irritabilidad, tristeza, alegría desmesurada, etc.

Por otro lado, algunos patrones comportamentales nos pueden hacer sospechar también, como tics nerviosos, llanto “inexplicable”, conductas impulsivas o de riesgo, etc.

Además, puede aparecer a nivel social un factor de aislamiento para evitar el reproche por el consumo excesivo de alcohol, o bien una búsqueda desesperada de entornos festivos en los que el consumo de alcohol está socialmente aceptado y su adicción a esta droga puede pasar desapercibida.

No obstante, es fundamental que tengamos en cuenta que explorar en mayor profundidad cuando nos encontramos un caso de abuso de alcohol es extremadamente necesario, ya que en muchas ocasiones el consumo excesivo de alcohol pretende camuflar otros conflictos de la persona y no es realmente el “problema” principal.

¿Cómo abordamos un caso de problemas con el alcohol?

En caso de que hablemos de una persona con graves problemas con el alcohol, cuyo funcionamiento cotidiano a nivel individual, social y laboral se ha visto severamente interrumpido o abandonado por el abuso de esta sustancia, debemos apoyarnos en la colaboración entre psiquiatra y psicólogo para buscar la forma médica de abordar los efectos físicos y psicológicos de la sustancia y, por otra parte, la forma de trabajar a nivel emocional y conductual para poder llegar al abandono del consumo.

Cuando nos encontramos con una sintomatología moderada, en la que el abuso del alcohol no ha llegado a significar un obstáculo tan grande a nivel individual, social o laboral, también nos resulta más fácil trabajar como psicólogos en la parte tanto emocional como conductual, dado que las funciones cognitivas de la persona que tenemos delante están mucho menos deterioradas que en el primer caso.

En cualquiera de ambos, resultan muy recomendables las terapias grupales en las que personas con una problemática similar pueden hablar abiertamente de sus dificultades, sabiendo que éstas son acogidas y recogidas por el resto del grupo.

Este tipo de intervenciones permiten avanzar de una forma muy positiva a los que participan de ellas, dado que el grupo se convierte en un apoyo social con el que los miembros no han podido contar hasta el momento o, los que lo han hecho, ha sido de forma muy débil o aislada.

También existe la posibilidad de que nos encontremos con un caso como el que mencionábamos en el apartado anterior, con una problemática con respecto al alcohol que podríamos calificar de “leve” o ligeramente dificultadora de su funcionamiento cotidiano.

En estos casos, en los que es probable que la persona acuda en busca de ayuda bajo el reclamo de un problema con el consumo de alcohol, es muy factible que este consumo sea realmente un síntoma que camufla el verdadero problema o conflicto emocional que sufre la persona que viene a terapia.

Por tanto, la exploración exhaustiva acerca de sí, de su entorno, de su funcionamiento, de sus experiencias, etc., nos ofrece información sobre cómo podemos acercarnos a la problemática real que, a su vez, supondrá un alivio o eliminación del síntoma (uso o abuso del alcohol).

Si padeces estos síntomas y necesitas ayuda, no dudes en contactar con nosotros. Como psicólogos en Valencia tenemos las herramientas necesarias para ayudarte a superarlo.